Edición del 24 de Junio de 2018

· El acento lingüístico




Ridiculizar a un español porque tiene un acento lingüístico diferente al resto de España es la mayor bajeza en la que se puede caer. Ridiculizar a un andaluz porque habla en andaluz es de ignorantes. Ridiculizar a un sevillano porque se expresa en sevillano es de iletrados e incultos. El acento lingüístico forma parte de […]

Ridiculizar a un español porque tiene un acento lingüístico diferente al resto de España es la mayor bajeza en la que se puede caer. Ridiculizar a un andaluz porque habla en andaluz es de ignorantes. Ridiculizar a un sevillano porque se expresa en sevillano es de iletrados e incultos.

El acento lingüístico forma parte de la idiosincrasia de un pueblo. La propia Real Academia de la Lengua define la palabra acento como un conjunto de las particularidades fonéticas, rítmicas y melódicas que caracterizan el habla de un país, de una región o de una ciudad.

En España se habla el gallego, el catalán, el vasco, el bable, el mallorquín, el valenciano, el castellano y el andaluz. Vivimos en un país rico en lenguas y dialectos y hemos de sentirnos orgullosos por ello. El problema viene cuando el uso de un acento lingüístico es motivo de risa y burla para unos pocos, que presumen de ser muy cultos pero no conocen la riqueza lingüística de  España. Es más, lo que sorprende es que siempre sea el habla andaluza la escogida por esos presuntos entendidos de la lengua para ridiculizar a sus hablantes.

El ejemplo más destacado fue cuando la diputada del PP Montserrat Nebrera se burló del acento andaluz de la ex ministra de Fomento la malagueña Magdalena Álvarez. “Tiene un acento de chiste”, dijo la política catalana. Sus palabras le valieron la apertura de un expediente en su partido.

El último caso lo protagonizó el consejero delegado de BBVA, Ángel Cano, que presentó a la nueva responsable del banco en España, Cristina de Parias, como “una andaluza, de Sevilla, pero a la que se le entenderá bien”. No hay duda de que no hubo maldad en las palabras de Cano al dirigirse así a su directiva; de hecho, reconoció: “Me meto con ella por el acento”.

Haya maldad o no, haya intención de ridiculizar o no, conviene dejar claro que el andaluz es una forma de expresión lingüística. Los andaluces hablan correctamente, porque cuando hablan lo hacen en andaluz (su idioma), que es un dialecto reconocido. Hay que catedráticos lingüistas que llegaron, incluso, a definir al andaluz como una lengua.

Desde aquí hay que decir que un sevillano fue presidente del Gobierno de España; otro sevillano, de Triana, llegó a ser vicepresidente del Gobierno; decenas de ministros fueron sevillanos y andaluces; y resulta que ahora la persona que dirige los negocios españoles de uno de los bancos más importantes del mundo (BBVA) es sevillana.

El acento sevillano es una seña de identidad y forma parte de la historia de este pueblo. Hay que ser como uno es y nunca intentar simular lo que no se es. La personalidad de los sevillanos es única y así debe seguir siendo.

 

 

 

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