Edición del 21 de Octubre de 2018

· Adiós sobre los pies




El paso de la Semana Santa suele dejar un vacío imposible de cubrir en el alma de la ciudad. Pero en esta ocasión la pérdida es irrecuperable. Todo empezó torciéndose cuando el Domingo de Ramos era luminoso y se tornó nublado y lluvioso sin que nadie lo esperara. Aún así, salió quien tenía que salir […]

El paso de la Semana Santa suele dejar un vacío imposible de cubrir en el alma de la ciudad. Pero en esta ocasión la pérdida es irrecuperable. Todo empezó torciéndose cuando el Domingo de Ramos era luminoso y se tornó nublado y lluvioso sin que nadie lo esperara. Aún así, salió quien tenía que salir para iluminar de esperanza el corazón de todos y esbozar una sonrisa. Era como un presagio triste y sentido de lo que quedaba por llegar.

Porque los días trascurrieron como una montaña rusa de incertidumbre. En ese tobogán caímos en la pena de un Martes Santo en el que una vez más, y van tres, no hubo Salud por San Nicolás. Y tampoco estabas. Ay, tu Señor. Era de nuevo una triste señal que ninguno supimos leer. El Miércoles Santo nos ofreció imágenes tristes y algunas emotivas en un día roto. Pero lo que no sabíamos es que era el principio del fin. Porque esa noche todo se fue, se oscureció para siempre, se paró tu tiempo y el Jueves Santo fue de luto prematuro.

Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol, pero este Jueves Santo tenía en el aire la pena y la melancolía del adiós definitivo. Nadie lo esperaba. Se rasgó el velo de la vida y la muerte quiso ser más cruel que nunca materializándose en tu joven cuerpo para dolor de quienes te quieren.

Triste fue el Jueves. Oscura, la Madrugá, que amaneció con lágrimas desde el cielo cuando llegaba la hora del penoso sino. Fría, húmeda, gris pero aún así hiciste la última chicotá, sin peso en tus hombros. Fueron los que te quieren, tus compañeros de tantas y tantas alegrías terrenales quienes te llevaron a paso corto, como mandan los cánones de los palios buenos, sin prisas, cuanto se muevan los pies nada más. Y sonaba incluso una marcha macarena desde cualquier rincón del alma porque en ese instante que te dejaban tus amigos para irte, a esa hora que decía el reloj era las 11.30, la Esperanza ya estaba esperándote en su basílica celestial. No quería que llegases y no estuviera Ella, la que en tus labios siempre fue luz Candelaria y Estrella de tu camino.

Todos sabemos que desde el Jueves Santo hay una Campana que repicará más fuerte que nunca llamándonos a todos. No te olvidamos, amigo.

Por Miguel Ángel Moreno

Comentarios

3 Comentarios to “· Adiós sobre los pies”

  1. JESUS on Abril 2nd, 2013

    LO QUE ACABO DE LEER LO DEFINIRÍA EN DOS PALABRAS: IMPRESIONANTE Y CONMOVEDOR.

    MI MAS SINCERA ENHORABUENA PORQUE AÚN SIN PREGUNTARNOS LO QUE SENTÍAMOS POR TODO LO SUCEDIDO, EL REDACTOR A DADO DE LLENO EN LA DIANA Y HA PLASMADO EN POCAS PALABRAS TODOS ESOS SENTIMIENTOS GUARDADOS POR NOSOTROS QUE NO SOMOS CAPACES DE TRANSMITIR.

  2. Pedro Salado Illanes on Abril 2nd, 2013

    En el clavo Miguel Angel. Sin duda, la chicota mas dura y sentida que he dado en mi vida pero tengo el convencimiento de que esa es la manera que mas le ha podido gustar a Jose Mari para despedirse. Que Dios lo tenga en su Gloria

  3. Manuel Plaza on Abril 2nd, 2013

    Impresionante y emotivo. Llega directamente al corazón.

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