Edición del 18 de Noviembre de 2018

· Algo más puede pasar

JUAN MÉNDEZ · @JUANMENDEZC




En poco más de un año los españoles han visto desmoronarse, como si de las Torres Gemelas se tratase, el Estado del Bienestar en el que vivían. Ya nada es igual. La seguridad y bienestar de los ciudadanos brillan por su ausencia. A la pérdida a mansalva de puestos de trabajo se ha sumado la […]

En poco más de un año los españoles han visto desmoronarse, como si de las Torres Gemelas se tratase, el Estado del Bienestar en el que vivían. Ya nada es igual. La seguridad y bienestar de los ciudadanos brillan por su ausencia. A la pérdida a mansalva de puestos de trabajo se ha sumado la rebaja en las prestaciones sociales esenciales y la inseguridad. Hay menos subsidios para afrontar el desempleo, menos indemnizaciones para los despedidos, más impuestos directos e indirectos, menos prestaciones sanitarias, o las mismas pero con menos medios materiales y humanos, menos ayudas o, mejor dicho, casi ninguna, a la dependencia, más costes en los suministros esenciales, más dificultades para acceder a la enseñanza, menos becas, y, por si fuera poco, más dificultades y menos dinero para disfrutar de una merecida vejez tras años de dedicación, trabajo y aportaciones dinerarias a un Estado en el que siempre ganan los mismos. Eso sí, la Justicia si queremos que actúe hay que pagarla antes de reclamarla.

Hace pocos días conocíamos una sentencia del Tribunal de Justicia Europeo que ponía patas arriba la ley hipotecaria española. Una ley injusta y arbitraria que ha provocado la desesperación de muchos y que incluso ha abocado ya a bastantes a la irracionalidad del suicidio. Ha tenido que ser un ciudadano marroquí, Mohammed Aziz, el que sacara a relucir en toda Europa las vergüenzas de la abusiva ley hipotecaria española, que otorgaba más que un derecho de pernada a la banca para proceder a los desahucios. Eso si, Aziz no podrá recuperar su vivienda que le fue arrebatada por la aplicación de una ley ahora desacreditada gracias a la labor desinteresada de Antonio Moreno, un modesto abogado de Martorell.

Pero cuando aún no hemos reaccionado sobre esta buena noticia, dos nuevas medidas han sembrado otra vez el desaliento en cuantos asistimos atónitos al quehacer diario de quienes nos gobiernan. De un lado, el último incumplimiento del Gobierno al endurecer de manera radical el acceso a la jubilación, de nuevo, mediante decretazo, y en aplicación del llamado ‘método Báñez’, es decir, sin conocer como afectará la medida al sistema ni los datos de la propia reforma, que serán presentados a posteriori. Esto implicará más edad para acceder a la jubilación, más años de cotización y menos dinero de pensión. Todo un logro social.

De otro, la decisión del Eurogrupo de rescatar a Chipre de su agonía financiera mediante la aplicación de un corralito bancario, y que la deuda sea pagada con cargo al dinero depositado en los bancos, sea de quien sea. Romper la regla de la seguridad del ahorro ha sido la última ocurrencia de quienes nos gobiernan en la Europa del euro, rectificada parcialmente horas después de su anuncio. Esperemos que alguien ponga finalmente pie en pared y regrese la cordura, aunque lo que parece claro es que aún, algo más nos puede pasar. Oclisé nace hoy para contarlo.

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