Edición del sábado 17 de Noviembre de 2018

Viernes Santo, el día fantasma

Miguel Ángel Moreno




Ninguna cofradía salió. Todas cumplieron con el rito de esperar a su hora de salida para anunciar lo que se sabía, que se suspendía su salida procesional ante las inclemencias meteorológicas. Otro día más que se conviertió en jornada museística como el Martes Santo: templos abiertos para que la gente vea los pasos. La de 2013 puede ser ya considerada como la Semana Santa que apenas exisitió.

El Cachorro en su basilica,/ EDUARDO BRIONES

 

El Viernes Santo no existió. La lluvia derrumbó la jornada desde las siete de la mañana, cuando destrozó la recogida de las cofradías de la Madrugá. Ya se presagiaba que el día no saldría adelante, porque el cielo estuvo encapotado toda la jornada, sin dejar el más mínimo resquicio a la esperanza.

Una vez rota la mañana de la Madrugá, lo demás fue siemplemente esperar a que las hermandades del Viernes Santo fueran certificando lo que todos ya intuían, que no saldrían. Y para eso tan sólo había que esperar pacientemente a que llegaran las horas de sus salidas marcadas en el programa. Una a una cumplieron con ese ritual por estricto orden: Cachorro, Carretería, Soledad de San Buenaventura, la O, San Isidoro, Sagrada Mortaja y Montserrat. Cual dominó una pieza tiró a la siguiente hasta que la jornada se diluyó por el sumidero de la tristeza.

Templos abiertos para que la gente vean los pasos, y otro día que se comviritó en jornada museística como el Martes Santo: cero cofradías en la calle.

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