Edición del 18 de Noviembre de 2018

El hombre inalterable

Rafael Pineda




Pocas cosas pueden sorprender ya a Aíto García Reneses a sus 66 años. Después de 40 años dedicado a la profesión de entrenador de baloncesto, el actual técnico del Cajasol todavía siente en sus venas la pasión por un juego que ha significado, simplemente, su vida. Tras un año dedicándose a viajar por Estados Unidos, a Aíto le sedujo la oportunidad que le brindó el Cajasol para seguir entrenando en la elite de la ACB.

Aíto, que bate registros en la ACB, intenta dejar huella en el Caja

Pocas cosas pueden sorprender ya a Aíto García Reneses a sus 66 años. Después de 40 años dedicado a la profesión de entrenador de baloncesto, el actual técnico del Cajasol todavía siente en sus venas la pasión por un juego que ha significado, simplemente, su vida. Tras un año dedicándose a viajar por Estados Unidos y a intentar remodelar las reglas de un baloncesto demasiado anclado en lo táctico, a Aíto le sedujo la oportunidad que le brindó el Cajasol para seguir entrenando en la elite de la ACB. “Era lo mejor que tenía de lo que me ofrecieron”, reconoció nada más hacerse con el puesto de entrenador de un equipo que había alcanzado cotas más que interesantes de la mano de Joan Plaza.

Una vez le preguntaron si el objetivo del Caja era meterse en las eliminatorias por el título. “Ni me lo planteo”, contestó el cuarto entrenador más laureado de la historia del baloncesto español, con nueve Ligas y cinco Copas del Rey en la mochila. En realidad, Aíto se moría por seguir entrenando, así que ni se pensó la oferta de un Cajasol que buscaba en el técnico un parapeto importante en un proyecto cada vez más asfixiado económicamente. Aíto, en Sevilla, ha dado muestras de estar por encima del bien y del mal, inalterable tanto en la racha de derrotas como en las más escasas de victorias. El Caja ha compaginado derrota tras derrota con alguna que otra victoria importante, como la cosechada en la cancha de Unicaja. Mientras se mueve en la mediocridad, se supone que Aíto construye un equipo en relación a venideras temporadas, forjando un espíritu competitivo en jóvenes que apenas se han fogueado en grandes escenarios.

Mientras desea inculcar a los jugadores del Caja una mentalidad ganadora, a Aíto no es difícil verlo paseando por Sevilla, conociendo sus lugares más emblemáticos o pasando un buen rato en alguno de sus restaurantes. En el club no hay ni sola queja de su implicación ni de lo serio que se toma su trabajo. En realidad, su ilusión permanece inalterable después de tantos años en el baloncesto. Manifestará a sus allegados que no puede hacer milagros con una de las plantillas menos fuertes de la historia del equipo sevillano, por más que al aficionado y el crítico esperen que su experiencia y talento acaben convirtiendo al Caja en un equipo competitivo. De momento, no lo está consiguiendo. Con 958 partidos dirigidos en la ACB cuando acabe la Liga, conseguir una gran clasificación con el Caja este año no es algo que le quite al sueño a Aíto. Ya, a estas alturas, ni el hecho de no haber ganado nunca la Copa de Europa a pesar de haber disputado nueve finales de la máxima competición continental.

La pasión que siente por el baloncesto y su preocupación por el juego alimentan a este entrenador inalterable tanto en el triunfo como en la derrota. “El baloncesto de hoy se ha hecho más rutinario. Debemos trabajar para que el juego gane en ataque y espectacularidad, evitando la gran cantidad de parones que neutralizan al baloncesto”, aclara Aíto en su página web, que alimentó de forma constante en esos meses que estuvo alejado de los banquillos. No aguantó mucho. Era demasiado para el hombre que le dio la alternativa a gente como Pau Gasol, Rudy Fernández o Ricky Rubio, que disfrutó con mitos como Epi, Villacampa o que se colgó la medalla de plata en Pekín 2008.

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