Edición del lunes 25 de Septiembre de 2017

‘El mural’, patrimonio del sevillismo

ARS




Es 14 de octubre, el Sevilla Fútbol Club cumple 109 años. Uno de sus mejores emblemas es el mural que construyó con motivo del Mundial de España’82 el cordobés Santiago del Campo. Esta obra es lugar a dudas una de la pieles de Sevilla.


Es 14 de octubre, el Sevilla Fútbol Club cumple 110 años. Uno de sus mejores emblemas es el mural que construyó con motivo del Mundial de España’82 el cordobés Santiago del Campo, recientemente fallecido. Esta obra es lugar a dudas una de la pieles de Sevilla.

Evocando su magna obra, Santiago del Campo (Córdoba, 1928; Sevilla, 2015) expresa estas sabias palabras, como un atinado lema de cabecera para todos aquellos -jóvenes y adultos- que tengan oídos para escuchar. Dice: “Yo lo que quiero resaltar en el mosaico no es la competencia ni la competitividad. Quiero resaltar la fraternidad que da el deporte, lo bonito que es jugar con el otro, respetar al contrario. Quiero por encima de todo primar el respeto y lo que es el deporte como convivir. Y el pensamiento inmediato de la convivencia es la tarjeta de visita. Los clubes cuando se enfrentan por primera vez se intercambian sus tarjetas de visita, que son los banderines. Los banderines son el testimonio del amigo: jugamos, toma tú mi testimonio y yo cojo el tuyo. Así, el club que atesora muchos banderines es que ha sido muy importante. La relevancia de esos banderines es el hecho concreto de las buenas relaciones. Me encantó esa idea. No primar las veces que le he ganado al otro, eso lo hace cualquiera. Lo difícil es ser un caballero y saber perder. Eso sí que es difícil. Hay que empezar por saber ser amigo y conservar el recuerdo del otro. Yo voy a ser duro en el campo pero debo tener presente que el rival tiene el mismo derecho que yo. Ese es el símbolo de los banderines en el mosaico”.

Todo tiene una génesis y la del sevillismo del artista es clave en esta historia: ‘Soy sevillista desde los 11 años. Me hice socio con un dinero que me dio una tía mía que tenía una tienda en la calle Alcaicería, que era como un zoco. Mi tío me llevó a ver un Sevilla-Betis, que ganamos 2-1, y ahí se inicia mi sevillismo’. ¿Por qué soy tan sevillista? ‘Porque vi jugar a Andrés Mateos que era muy bueno, era una cosa exquisita jugando al fútbol. Antes era maldito que un jugador del Sevilla o del Betis jugara en la selección. Por ejemplo, que Arza jugara sólo cuatro veces con España es grotesco. Arza era un jugador asombroso, era un espectáculo verlo jugar. Hubo un momento extraordinario con Helenio Herrera de entrenador y con jugadores magníficos, como Ramoní, que jugaba completamente a su aire, era algo inolvidable. En las Bodas de Plata del club se le ganó a un equipo francés en el que venía Kopa y al que ganamos por 5-1, con un juego absolutamente memorable’. Ahí se cimenta su sevillismo.

Fuerza expresiva

El mural pues de este sevillista, que siempre fue por el camino de la estética, es una gigantesca obra de arte con el que se decide rematar el estadio siendo presidente Eugenio Montes y vicepresidente Manuel Rodríguez Sañudo. ‘Nunca hice un mural de las dimensiones del mosaico del Sevilla’. El encargo del presidente lo hizo antes del verano de 1981 y se culmina su instalación poco antes de que se inicie el Mundial 82 de Fútbol. ‘Me entero que el Sevilla acepta el proyecto en la playa de Mazagón al ver mi boceto publicado en la portada del diario Sevilla, que estaba colgado con una pinza en un kiosco de prensa’. Otra anécdota curiosa es que el primer boceto del mural se hace en el estudio que el autor tenía en la calle Betis.

“Mi opinión –añade- es que para que tuviera fuerza expresiva lo mejor era un mosaico de cerámica y no pintado en la pared”. Son 480 metros2 de mural que es una síntesis histórica y sentimental del Sevilla, creados por el autor, con la colaboración de sus hijos y una treintena de artistas sevillanos. “En mi carrera artística supuso una obra fuera de lo común por sus dimensiones y la envergadura de su contenido. Y en mi andadura humana fue el reencuentro con mis viejos mitos sevillistas. Fue mi aportación a Sevilla. Cómo hacer una montaña, cómo crear naturaleza en un contexto urbano”.

El proyecto inicial pretendía incluir a algunos de los artistas del balón que hicieron grande a la Entidad y enamoraron por su juego o su tesón. Era un menaje de arte y disciplina. Era como evocar el arte de Mateos, Pepillo, Ramoní, Arza, junto a Achucarro o Alconero que eran la entereza o la constancia. Una treintena de nombres que simbolizaron lo mejor del Sevilla FC. Del Campo explica que ideó una caligrafía intencionada y relacionada con su juego. Por ejemplo, Andrés Mateos tenía unos caracteres góticos, puntiagudos y exquisitos. Y Campanal, el tío del gran defensa, por su juego fuerte, tenía caracteres romanos, era como un capitán de centuria. La manera de escribir los nombres reflejaba cada estilo personal”.

Pero surgió la polémica. Al mostrarse el boceto en exposición pública para que lo vieran los sevillistas, gustó mucho pero hubo quejas porque no estaban en esa lista algunos jugadores que se creía que debían estar y, en cambio, otros que sí estaban en la lista, no gustaba su elección. Y, claro, siendo un tema tan delicado, Montes no rechazó personalmente el listado de nombres, pero propició una Asamblea del senado sevillista que fue la que sí decidió que no se pusieran nombres en el mosaico.

En este sentido, es interesante destacar también que el medio centenar largo de puntos de referencia del mosaico son piezas octogonales. Detectores a lo largo de todo el mural que sirvieron para controlar el correcto trabajo de colocación de todas las demás piezas de cerámica de reflejo, imperecederas. El gran mérito fue de los cinco albañiles que las fijaron. Otra anécdota fue que la empresa Hispano Alemana de Rumasa (propiedad de Ruíz Mateos) quiso colocar en el mural su famoso logotipo -también octogonal, el de la abeja- a lo que Santiago del Campo se negó. Tuvo el temor hasta el último momento de que en una madrugada hicieran el cambio sin él esterarse y hubiera estado allí toda la vida. ‘Pero de ninguna manera se podía consentir eso’, dice el autor.

El lugar preferente del escudo del Sevilla, en el lugar más querido, forma un triangulo invisible con dos puntos más: abajo a la derecha, está el escudo del decano del fútbol español, el Recreativo de Huelva (el Onuba de entonces) y, más o menos en el otro lado, el club hermano de ciudad, el Betis. Están los tres clubes en los tres sitios capitales del mural. Pero la inclusión del escudo bético tiene también su intrahistoria…y el autor lo habla con naturalidad: ‘La anécdota de incluir el banderín del Betis en el mural, me pidió Eugenio Montes que no ha contara en vida, pero ya se puede contar. Varios directivos eran contrarios. Algunos no sólo eran muy reacios a su inclusión sino al color verde en general. Pues bien, ante mi insistencia de que en una obra así debía estar la referencia al hermano deportivo de la ciudad, Eugenio Montes lo aprobó pero me dijo que lo pusiera “de manera discreta”. ‘Y ahí quedó el escudo y su gesto’.

Claudio y Salomé (¿qué valor tuvo el trabajo?)

Es digno de contarse que entre su hijo primogénito y el autor idearon un método para valorar el trabajo realizado y que pasaba por pesar cada metro cuadrado de papel enrollado. Todo el papel estaba extendido en el parquet del polideportivo de la Escuela de Arquitectura, lo que permitía dibujar encima: ‘Ayudado por mi hijo Claudio y mi hija Salomé, que es pintora, y su compañero Moisés, que es también pintor, entre seis personas hicimos el dibujo a lápiz. Después lo recortamos en unidades y creamos el mosaico. Dos personas por mesa, en seis mesas. Como no tenía perímetro, decidimos pesarlo y darle un valor a ese peso. Un papel ya deteriorado por el trabajo, con restos de losa, arenilla e incluso ceniza de tabaco. Cada rollo fue calibrado en un pesa-cartas y la suma de todas las equivalencias dio el valor de cómo se pagó el resultado final’.

En la parte baja a la derecha del mural están todos los nombres que colaboraron en el mismo, artistas, técnicos, albañiles… Por otra parte, se hizo una consulta muy oportuna a Madrid para saber el tipo de pegamento que soportaría el frio de Sevilla en invierno, que es grande, y el brutal calor del verano. Y se acertó porque en todos estos años no hubo apenas problemas de piezas despegadas. Un obra monumental, ya tradicional y clásica de la Sevilla urbana.

El ribete de oro, gran aventura

El escudo de la entidad es el anfitrión en la zona central del mural, ‘aunque me di cuenta después -dice Santiago del Campo- que en ningún sitio pone Sevilla FC’. ‘El escudo tiene cosas muy bonitas: las figuras están perfectas, los colores y el lujo añadido de un ribete de oro alrededor del mismo: ‘Para mí –dice Del Campo- es una de las anécdotas más ricas que encierra su complicada y ardua instalación. Le quise dar mucha importancia a ese ribete de oro y fue un problema muy difícil de resolver. En la cerámica de reflejo, algo muy bonito y muy teatral, el oropel es oro y el oro es oropel. Si un actor quiere salir con un toisón de oro, no lo hará de oro sino de purpurina, ya que el oro no se vería en el escenario y la purpurina sí. El oro se erosiona con el agua. Lo que se conserva es el reflejo en oro. Esto se hacía maravillosamente en la sevillana Mensaque. Tampoco había reflejo en oro en Marruecos, Italia o era muy caro. Recuerdo que sólo tenía una loseta de 14 por 14. Bueno, pues conseguí, como el milagro de los panes y los peces, repartirla en pequeñas almendritas -con esa única loseta- en todo el ribete del escudo para darle realce. Puede parecer algo sin importancia pero fue sin duda una de las grandes aventuras del mosaico’.

El autor, por otra parte, para mostrar una mayor fuerza estética y visual, estilizó un poco la anchura del escudo, cambió el color azulado de las magníficas figuras de santos y puso en negro las iniciales SFC que eran en rojo. Recursos para mejorar aún más si cabe la artística visión del conjunto. Además, se encargó personalmente de hacer con esmero algunas cosas. Por ejemplo, la estampa sobre el jugador número 12. Que reza: “Se llamó a los aficionados de este estadio el jugador número 12 por su especial apoyo al equipo nacional español’. Otra cosa que hizo él mismo fue el balón del escudo, que era especial y no podía quedar mal. Tiene nada menos que un metro de diámetro y está formado con losetas de cinco o seis tonos de la gama de los marrones. Y tenía que ser cerámica vidriada, no podía ser mate, con sus sombras y sus brillos. ‘Como representa un balón antiguo, fue también muy complicado de hacer’, matiza el autor.

¿Qué significan las iniciales?

Algunos menos iniciados, turistas o jóvenes sevillistas, al admirar el mosaico del Sevilla FC, se preguntan en ocasiones: ¿Qué significan las fechas y las iniciales que inmortaliza el mural de Santiago del Campo? Los ocho hitos recogidos en su parte baja recuerdan a:

1905 PSS – La fundación oficial del club y el primer campo del Prado de San Sebastián.

1908 P.de E. – La fecha y lugar, zona de Plaza de España, donde se jugaron partidos.

1910 M – El año en que se empezaron a jugar partidos en el Campo del Mercantil.

1918 RV – El año de inicio de partidos en el Campo de la Reina Victoria.

1923 S.H. – El año de los primeros internacionales sevillistas Spencer y Herminio.

1929 N – El año del traslado a Nervión.

1958 RSP – El año de inauguración del Ramón Sánchez-Pizjuán.

1982 M – La celebración del Mundial 1982, siendo el estadio sevillista sede de partidos.

 

Comentarios

Un comentario to “‘El mural’, patrimonio del sevillismo”

  1. Quinqué on Octubre 17th, 2013

    Muy interesante e ilustrativo. La anécdota sobre el escudo del Betis cabía imaginarla, y Santiago del Campo la constata.

Dejar un comentario




HTML Snippets Powered By : XYZScripts.com