Edición del 21 de Octubre de 2018

· El negocio de las sillas




Dice el dicho que quien fue a Sevilla perdió su silla. En el caso que nos ocupa, sillas es lo que sobran y personas las que se necesitan para ocuparlas. Y es que este objeto de cuatro patas se ha convertido en un negocio sin precedentes en la ciudad, sobre todo en primavera. Sillas en […]

Dice el dicho que quien fue a Sevilla perdió su silla. En el caso que nos ocupa, sillas es lo que sobran y personas las que se necesitan para ocuparlas. Y es que este objeto de cuatro patas se ha convertido en un negocio sin precedentes en la ciudad, sobre todo en primavera. Sillas en Semana Santa. Sillas en la Feria. Y ahora, sillas en el Corpus.

Menudo nicho de mercado: alquilar sillas. Y lo más sorprendente es que también se pueden comprar para tener siempre un sitio desde el que divisar las procesiones. Es más, hasta revender, como las entradas a un partido de fútbol.

En Semana Santa, los precios de las sillas van desde los 758,96 euros que costaba este año un palco en la Plaza de San Francisco a los 695,64 euros que había que pagar para presenciar el paso de las cofradías en la Avenida de la Constitución o los 147,77 euros que llegaron a costar en La Campana. Las más baratas estaban en la Plaza Virgen de los Reyes por el módico precio de 67,54 euros.

Ahora le toca el turno al Corpus Christi. En este caso, el coste se deprecia en demasía, aunque no por ello sale gratis. La silla está a siete euros si el interesado quiere sentarse en cualquier punto del recorrido de la procesión, salvo en la Plaza de San Francisco, donde el precio se encarece tres euros.

– ¿Quién se lleva el dinero recaudado?

El Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla.

– ¿Qué hace con él?

Apenas un 1,6% de la recaudación la destina a pagar al Ayuntamiento el uso y la explotación que hace del espacio público. El resto (millones de euros) van a parar a la caja de las subvenciones que se destinan a las hermandades.

Lo dicho, un negocio que, en plena crisis, factura más en una semana que una pequeña y mediana empresa en un año completo. Increíble. Sin palabras.

Sin duda, es digno de aplauso que el dinero recaudado vaya en ayuda de las hermandades que más lo necesitan, pero también es digno de denuncia la economía sumergida generada a la sombra del negocio de las sillas. El Consejo debería frenar esa reventa de sillas a precios abusivos.

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