Edición del sábado 17 de Noviembre de 2018

Hay torero, no hay espada

Ángel Cervantes




Lama de Góngora demostró en su presentación en Sevilla que está llamado a ser gente importante. Responsable, se fue en sus dos novillos a la puerta de chiqueros. El madrileño Gonzalo Caballero apareció más cuajado en su tercera comparecencia en la Maestranza. Sebastián Ritter, colombiano, pasó por Sevilla dejando claro que no se arredra y que lo suyo es la quietud. La novillada de Juan Pedro Domecq / Parladé tuvo demasiadas carencias, especialmente en cuanto a la presentación.

En cuatro lances (2ª Feria de Abril de Sevilla)

Cuatro novillos de Juan Pedro Domecq, el quinto como sobrero, y dos de Parladé, primero y sexto.
Gonzalo Caballero (ovación / silencio).
Sebastián Ritter (silencio / silencio tras aviso).
Lama de Góngora (ovación / ovación tras aviso).
Más de media entrada.

1º) Pese a su reciente debut con los del castoreño en Olivenza, Lama de Góngora demostró en su presentación en Sevilla que está llamado a ser gente importante. Responsable, se fue en sus dos novillos a la puerta de chiqueros. Sabe andar por la plaza, tiene personalidad, pellizco, su toreo desprende el matiz inconfundible de las formas sevillanas. Además, tiene cabeza, solventa y resuelve con soltura y claridad de ideas. Pero a los novillos hay que matarlos a la primera; dos orejas muy merecidas se fueron al limbo.

2º) El madrileño Gonzalo Caballero apareció más cuajado en su tercera comparecencia en la Maestranza. Dotado del mismo valor, rayano en lo temerario en las fases finales de sus faenas, se le pudo apreciar un oficio y un temple bien asentados. Instrumentó muy buenos y largos muletazos pero a sus trasteos les faltó continuidad y, especialmente, emoción por la poca transmisión de los novillos.

3º) Sebastián Ritter, colombiano, pasó por Sevilla dejando claro que no se arredra y que lo suyo es la quietud. Tanta quietud, sin embargo, terminó por volverse en su contra ante un segundo novillo que, además de los medios que le ofreció el novillero, requería distancia, sitio y muleta por delante. Atropellado, destemplado y porfión, Ritter terminó por desesperar a los tendidos en los últimos compases de las dos faenas.

4º) La novillada de Juan Pedro Domecq / Parladé tuvo demasiadas carencias, especialmente en cuanto a la presentación. Un encierro terciado, de feas hechuras por lo general, al que sólo hay que anotarle la cualidad de la nobleza, extrema en determinadas ocasiones. Tanta bondad terminó, como suele ser norma, por afectar a esa transmisión que lleva la emoción a los tendidos.

@angelcervantes1

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