Edición del lunes 23 de Octubre de 2017

Todas salieron, no todas volvieron

Miguel Ángel Moreno




La lluvia fue de nuevo al protagonista en el cénit de la Semana Santa. Si bien el Jueves Santo discurrió con normalidad a pesar de los cielos nublados, la Madrugá comenzó tranquila para convertirse en una pesadilla para cinco de las seis hermandades al comenzar a llover a las siete de la mañana. La Esperanza de Triana se quedó en la Catedral y los Gitanos, en la Anunciación.

La lluvia es la gran protagonista de la Semana Santa 2013 y no podía faltar en el cénit de la fiesta. Jueves Santo y Madrugá tuvieron a tan indeseable invitada.

El Señor de la Sentencia con un capote de regreso. / RUESGA BONO

La lluvia es la gran protagonista de la Semana Santa 2013 y no podía faltar en el cénit de la fiesta. Jueves Santo y Madrugá tuvieron a tan indeseable invitada, si bien la jornada del Amor Fraterno transcurrió con cierta normalidad, la mañana de la mágica noche se convirtió en una pesadilla para cinco de las seis cofradías que se vieron sorprendidas por un aguacero a las siete de la mañana y cada una se puso a salvo como pudo. El Silencio fue la única que no sufrió el chaparrón, si bien le cayó una fina lluvia con la cofradía entre Orfila y Villegas, aunque sin que fuera mayor.

La Macarena se refugió entre la Anunciación –paso del Señor- y el Salvador –paso de palio-, la Esperanza de Triana en la Catedral y los Gitanos en la Anunciación. La Macarena salió a eso de las 09.30, se reunió el cortejo en Orfila y transcurrieron rápidamente hacia la basílica, donde entró toda la cofradía dos horas después. Los Gitanos deciden la tarde del Viernes Santo cuándo volver a su templo, al igual que la Esperanza de Triana.

Hasta ese aguacero, el Jueves Santo había sido una jornada pletórica de emociones, encuentros e imágenes y momentos recuperados del pasado, como el Señor de Pasión con túnica bordada y el palio de la Merced con acompañamiento musical. Negritos, Exaltación, Cigarreras y Monte-Sión pusieron el sabor de hermandades de barrio, la Quinta Angustia, su abolengo y el Valle, la elegancia y el sentimiento.

La Madrugá comenzó llena de sombras negras de altos capirotes desde Alfonso XII, Conde de Barajas y San Pablo, de Esperanza por Feria y Pureza, y de Salud por Puerta Osario. Todo iba según el guión no escrito pero si presente en el pálpito de la ciudad. Frío abrazando los cuerpos y escalofríos acariciando el alma de quienes disfrutaban de esa noche única. Pero la lluvia vino a romperlo todo y fue el momento de la demostración de saber estar de las hermandades. El Señor del Gran Poder entró antes del chaparrón y su paso de palio corrió para llegar cuanto antes. El Calvario jamás se descompuso a pesar de la inclemencia meteorológica, grande en su humildad. La Macarena estuvo entre Anunciación y el Salvador, se arriesgaron a salir a eso de las diez y hasta que no se recogió el palio no empezó a llover de nuevo. En la iglesia de la Anunciación se encontraron hasta seis pasos: los tres del Valle, el de la Sentencia y los dos de los Gitanos. La hermandad que cierra la Madrugá decidió permanecer en este templo y la tarde del Viernes Santo decide cuando vuelve. La Esperanza de Triana entró rápidamente en la Catedral y allí se quedaron sus pasos a la espera de valorar qué hacer también el viernes por la tarde.

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