Edición del martes 19 de Marzo de 2019

Un paseo por las nubes

A. Ruesga · F.L. de Paz




Ni el frío más frío es capaz de ensombrecer el encanto de Sevilla. SJ41 muestra la imagen de una ciudad que vive ya en los aledaños del invierno, pero se erige con sus mejores ‘armas’ para encandilar a cualquier témpano que se le acerque.

Ha llegado el frío. Cuando viene, lo hace sin avisar. Nos engaña. El sábado el sol nos estuvo regalando uno de esos atardeceres imprevistos que hubieran hecho sucumbir a todos los poetas del universo. Pero cuando se ocultó, Noviembre embozado salió a repartir aires helados de los que cortan el cuerpo. Poco a poco, semana a semana, la piel de Sevilla irá cambiando. A ella le gustan los calores, los atardeceres de abril, las noches de mayo, una madrugada de verano…

Pero cuando viene el frío, ella también se entrega. Saca a las monjas de sus conventos para que comiencen a prepararle un traje dulce a lo que está por llegar. Lava los colores cálidos con una aguada de grisura que la hacen igualmente bella. Tanto, que el día menos pensado las nubes no podrán retenerse más en la altura y se tirarán desde el precipicio donde habitan para llegar a la ciudad más bella del mundo.

En noviembre las nubes le hacen el amor a Sevilla cuando despunta el día. La llaman neblina, pero es la pasión del amor ilusionado entre ellas y Sevilla. Vienen de madrugada. Se quedarían para siempre, pero cuando llega el mediodía, aunque se agarren a las catenarias y a los penachos del Sagrario y a los arbotantes de la Catedral, el sol, celoso, las licua en el asfalto. Morir amando, que es la manera más hermosa de morir.

 

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