Edición del lunes 23 de Octubre de 2017

Una ilusión rota

Carlos García Lara




La lluvia ha sido de nuevo la protagonista del Domingo de Ramos, la que nos ha hurtado las sensaciones, olores y estampas con las que tanto hemos venido soñando durante el último año. La Estrella, haciendo gala de su valentía, y desafiando todas las previsiones, se convirtió en el contrapunto del día.

La lluvia ha sido de nuevo la protagonista del Domingo de Ramos, la que nos ha hurtado las sensaciones, olores y estampas con las que tanto hemos venido soñando durante el último año.

El paso de misterio de Jesús Despojado entra en la Iglesia de la Anunciación./EDUARDO BRIONES

Por un momento creímos de la existencia de un espléndido Domingo de Ramos, aunque un pequeño chaparrón antes de salir La Paz nos advertía de que todo era un espejismo de nuestro corazón y que el día se iba a estropear. Y así fue. Al final, la alegría de esta luz de Domingo se esfumó cuando a partir de las 17 horas un fuerte chaparrón se asomó a Sevilla mientras el misterio de la Sagrada Entrada en Jerusalén discurría por la Campana, viéndose obligado a apresurar sus pasos hacia el Salvador buscando un atajo.

El obispo auxiliar, Santiago Gómez, aguantó firme, de pie y sin paraguas, en el palquillo del Consejo, mirando como el misterio de Jesús Despojado esperaba en O’Donnell poder acceder a la Campana; probablemente monseñor pensaba que si el Señor se estaba mojando, él lo también debía hacerlo… Y acto seguido, la hermandad de la Plaza de Molviedro se encaminó hacia la Anunciación que, una vez más, se convirtió en el templo de cabecera del sagrado refugio de nuestras hermandades cuando la meteorología quiere jugarnos una mala pasada.

Pero esta dichosa lluvia hizo que viviésemos un momento mágico cuando la cofradía de la Plaza de Molviedro retornó a su templo por la calle Cuna y el Salvador, ya sin prisas, al saber que la amenaza de lluvia era prácticamente inexistente.

La Hiniesta y La Cena tuvieron que volverse sobre sus pasos, mientras que San Roque, la Amargura y El Amor decidieron no realizar su estación de penitencia. La Paz, que vio un año más como la lluvia dividía en dos su cuerpo de nazarenos, se reunificó en la Catedral para encaminarse hacia el Porvenir, donde finalizó su entrada pasada la media noche. Aquello nos hizo olvidar durante un eterno momento los estragos pasados de la lluvia.

La Estrella, haciendo gala de su valentía, y desafiando todas las previsiones, se convirtió en el contrapunto del día. Triana, una vez más, fue fiel a su cita con Sevilla. Y Sevilla le respondió como sólo ella sabe hacerlo, arropándola durante toda su estación de penitencia, la única que no nos pudo arrebatar la lluvia.

 

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